ÁREA: CASTELLANO | GRADO: Undécimo | |
DOCENTE: KELLY OVIEDO | CORREO: castellano. ceqa@gmail.com | |
FECHA: 25 DE FEBRERO 2025 | PERIODO: I | |
FRASE: formados en valor, llevamos en la sangre respeto - educación. |
PISTAS DE UN CUENTO MEDIEVAL
- El relato enmarcado
- El relato enmarcado
Los relatos enmarcados son grupos de historias que pretenden tener narradores y personajes diferentes, pero que comparten una situación en común que sirve como pretexto para agruparlos en un mismo volumen.
- La sociedad medieval
Al principio del período, la literatura solo narraba lo que ocurría a personajes de la nobleza, pero con el tiempo los autores se interesaron por recrear personajes de otras clases sociales.
- Los opuestos
A menudo, para presentar un defecto, los autores lo ponían en directa contraposición a la cualidad opuesta.
- La astucia de los humildes
Se empezó a formar un imaginario según el cual las personas con menos recursos podían se mas astutas y solidaría que las de clase alta.
- El pecado
La presencia de lo prohibido esta ligada a la importancia de la religión en la edad media.
Actividad en clase
El
mechón de cabello
[Cuento - Texto completo.]
Giovanni Boccaccio
Agilulfo,
monarca de los longobardos, estableció en Paria, ciudad de Lombardía, la base
de su soberanía. Como sus antecesores, cogió por mujer a Tendelinga, viuda de
Autari, también soberano de los longobardos.
La señora
era hermosísima, prudente y honrada, pero desafortunada en afectos. Y, yendo
muy bien las cosas de los longobardos por la virtud y la razón de Agilulfo,
aconteció que un palafrenero¹ de la nombrada reina, hombre de muy ruin
condición por su nacimiento, pero superior en su oficio, y arrogante en su
persona, se enamoró intensamente de la reina, y como su baja condición no le
impedía advertir que aquel amor escapaba a toda conveniencia, a nadie se lo
declaró, ni siquiera a ella con su mirada.
Y sin
esperanza alguna siguió viviendo. Pero se jactaba consigo mismo de haber puesto
sus pensamientos en tan alto lugar y, ardiendo en amoroso calor, se dedicaba a
hacer mejor que sus compañeros lo que a su reina pudiese complacer. Por esto,
cuando la reina deseaba cabalgar, prefería de entre todos al palafrén, lo que
él tenía como un privilegio, y no se apartaba de ella, juzgándose afortunado
algunas veces si podía rozarle los vestidos.
Pero el
amor, como muchas veces vemos, cuando tiene menos esperanza suele aumentar, y
así le sucedía al pobre palafrenero, que hallaba insoportable mantener su
escondido deseo, al que ninguna esperanza ayudaba. Y muchas veces, no logrando
librarse de su amor, pensó en morir. Y, reflexionando cómo lograrlo, decidió
que fuese de tal manera que se notara que moría por el amor que había puesto y
profesaba a la reina, y se propuso que fuera de manera que la fortuna le diese
la posibilidad de obtener, totalmente o en parte, la satisfacción de su anhelo.
No deseó
manifestar nada a la reina, ni expresole su amor escribiéndole, ya que sabía
que era infructuoso hablar o escribir, mas resolvió ensayar si era posible, por
ingenio, con ella acostarse. Mas no veía otro medio ni recurso que hacerse
pasar por el rey, el cual no dormía con la reina de continuo.
Y para a
ella llegar y entrar en su estancia, procuró el hombre averiguar en qué forma y
hábito iba allá el rey. Y así muchas veces, durante la noche, se escondió en
una gran sala del real palacio a la que daban los aposentos de la reina y del
rey. Y una noche vio a Agilulfo salir de su cámara envuelto en un gran manto,
en una mano una antorcha encendida y en la otra una varita, y en llegando a la
puerta de la reina, sin nada decir, golpeó la madera con la vara una vez o dos,
y abriose la puerta y quitáronle la antorcha de la mano.
Y esto
visto, y vuelto a ver, pensó el palafrenero que él debía hacer otro tanto, y
mandó que le aderezasen un manto semejante al del rey, y, provisto de una
antorcha y una vara, una noche, tras lavarse bien en un baño para que la reina
no advirtiese el olor del estiércol y con él el engaño, en la sala, como solía,
se escondió.
Y notando
que ya todos dormían, pensó que era momento de conseguir su deseo, o, con alta
razón, la muerte que arrostraba, y, haciendo con la yesca y eslabón que llevaba
encima un poco de fuego, encendió la luz y, envuelto en el manto, se acercó al
umbral y dos veces llamó con la vara. Abrió la puerta una soñolienta camarera,
que le retiró y apartó la luz y él, sin decir nada, traspasó la cortina,
quitose la capa y acostose donde la reina dormía. Deseosamente la tomó en sus
brazos, y, fingiéndose conturbado por saber que en esos casos nunca el rey
quería oír nada, sin nada decir ni que le dijesen, conoció carnalmente varias
veces a la reina aquella noche. Apesadumbrábale partir, pero comprendiendo que
el mucho retardarse podía volverle en tristeza el deleite obtenido, se levantó,
púsose el manto, empuñó la luz y, sin nada hablar, se fue y volviose a su lecho
tan presto como pudo.
Y apenas
había llegado allá cuando el rey, alzándose, fue a la cámara de la reina, de lo
que ella se maravilló mucho, y entrando en el lecho y alegremente saludándola,
ella, adquiriendo osadía con el júbilo de su marido, dijo:
-Señor,
¿qué novedad es la de esta noche? Ha instantes que os partisteis de mí y más
que de costumbre os habéis refocilado conmigo, ¿y tan pronto volvéis? Mirad lo
que hacéis.
Al oír
tales palabras, el rey presumió que la reina había sido engañada por alguna
similitud de persona y costumbres, pero como discreto, en el acto pensó que,
pues la reina no lo había advertido, ni nadie más, valía más no hacérselo
comprender, lo que muchos necios no hubiesen hecho, sino que habrían dicho: “Yo
no fui. ¿Quién fue ¿Cómo se fue y cómo vino?” De lo que habrían difamado muchas
cosas con las cuales hubiera a la inocente mujer contristado, y aun quizás
héchole venir en deseo el volver a desear lo que ya había sentido. Y lo que,
callándolo, ninguna afrenta le podía inferir, hubiera, de hablar, irrogándole
vituperio. Y así el rey respondió, más turbado en su ánimo que en su semblante
y palabras:
-¿No os
parezco, mujer, hombre capaz de estar una vez acá y tornar luego?
-Sí, mi
señor, pero, con todo, ruégoos que miréis por vuestra salud.
Entonces
dijo el rey:
-A mí me
place seguir vuestro consejo y, por tanto, sin más molestia daros, me vuelvo.
Y, con el
ánimo lleno de ira y de mal talante por lo que ya sabía que le habían hecho,
tomó su manto, salió de la estancia y resolvió con sigilo encontrar al que tan
feo recado le hiciera, imaginando que debía ser alguien de la casa y que no
había podido salir de ella. Y así, encendiendo una lucecita en una linternilla,
se fue a una muy larga casa que había en su palacio sobre las cuadras y en la
que dormían casi todos sus sirvientes en distintos lechos. Y estimando que al
que hubiese hecho lo que la mujer decía no le habría aún cesado la agitación de
pulso y corazón por el reciente afán, con cautelosos pasos, y comenzando por
uno de los principales de la casa, a todos les fue tocando el pecho para saber
si les latía el corazón con fuerza.
Los demás
dormían, pero no el que había yacido con la reina, por lo cual, viendo venir al
rey e imaginando lo que buscaba, comenzó a temer mucho, en términos que a los
pálpitos anteriores de su corazón se agregaron más, por albergar la firme
creencia de que, si el rey algo notaba, le haría morir.
Varias
cosas le bulleron en el pensamiento, pero, observando que el rey iba sin armas,
resolvió fingir que dormía y esperar lo que aconteciese.
Y habiendo
dado el rey muchas vueltas, sin que le pareciese encontrar al culpable, llegose
al palafrenero, y observando cuán fuerte le latía el corazón, se dijo: “Éste
es”. Pero como no quería que nadie se percatase de lo que pensaba hacer, se
contentó, usando unas tijeras que llevaba, con tonsurar al hombre parte de los
cabellos, que entonces se llevaban muy largos, a fin de poderle reconocer al
siguiente día; y, esto hecho, volviose a su cámara.
El hombre,
que todo lo había sentido y era malicioso, comprendió por qué le habían
señalado así y, sin esperar a más, se levantó y, buscando un par de tijeras que
había en el establo para el servicio de los caballos, a todos los que allí
yacían, andando sin ruido, les cortó parte del cabello por encima de la oreja
y, sin ser sentido, se volvió a dormir.
El rey, al
levantarse por la mañana, mandó que, antes de que las puertas del palacio se
abriesen, se le presentase toda la servidumbre, y así se hizo. Y estando todos
ante él con la cabeza descubierta, y viendo a casi todos con el cabello de
análogo modo cortado, se maravilló y dijo para sí: “El que ando buscando,
aunque sea de baja condición, muestra da de tener mucho sentido”. Y,
reconociendo que no podía, sin escándalo, descubrir al que buscaba, y no
queriendo por pequeña venganza sufrir gran afrenta, resolvió con cortas
palabras hacerle saber que él había reparado en las cosas ocurridas y, vuelto a
todos, dijo:
-Quien lo
hizo, no lo haga más, e id con Dios.
Otro les
habría hecho interrogar, atormentarlos, examinarlos e insistirlos, y así habría
descubierto lo que todos deben ocultar, y al descubrirlo, aunque tomase entera
venganza, habría aumentado su afrenta y empeñado la honestidad de su mujer. Los
que sus palabras oyeron se pasmaron y largamente trataron entre sí de lo que el
rey había querido significar, pero nadie entendió nada, salvo aquel que tenía
motivos para ello. El cual, como discreto, nunca, mientras vivió el rey,
esclareció el caso, ni nunca más su vida con tan expuesto acto confió a la
Fortuna.
FIN
Responde:
- ¿Cuál es la intención de los cuentos de Giovanni Boccaccio?
- ¿Qué mensaje transmite el cuento?
- ¿Cuál es la vida interior de los personajes?
- ¿Cómo se relaciona el azar con la inteligencia y la argucia?
- ¿Qué rol tuvo Giovanni Boccaccio en la narrativa universal?
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